Cómo descubrí la pintura diamante

Mi primer contacto con la pintura diamante fue alrededor de 2017 o 2018. Una amiga del trabajo llamada Chelo, a la que conozco desde que entramos juntas en la empresa en 2006, me contó que estaba enganchada a una manualidad nueva.

Me habló de lo mucho que la entretenía y de lo relajante que le resultaba. En aquel momento la escuché con curiosidad, pero la verdad es que no sentí demasiado interés por probarla.

Un vídeo despertó mi curiosidad

Aproximadamente un año después de comenzar con la costura creativa, mientras buscaba nuevos proyectos en YouTube, apareció entre las recomendaciones un vídeo sobre pintura diamante.

El canal era Izzie Painting Diamonds. Izzie no solo explicaba cómo realizar los cuadros, sino también trucos, herramientas útiles y distintas formas de organizar el material.

También hablaba de lugares donde comprar los lienzos según el presupuesto. Se podían encontrar opciones económicas en AliExpress y otras de precio bastante más elevado en tiendas especializadas como Diamond Art Club.

Después de ver sus vídeos, aquella técnica que años antes no me había llamado especialmente la atención empezó a despertar mi curiosidad.

Mi primer cuadro de Baby Yoda

El primer cuadro que hice fue uno de Baby Yoda sobre el casco de The Mandalorian. Tenía diamantes redondos y con él fui aprendiendo poco a poco cómo funcionaba esta manualidad.

Dividía el lienzo en secciones para trabajar de una forma más ordenada y evitar que el pegamento quedara expuesto durante demasiado tiempo. Cada vez que terminaba una parte sentía una gran satisfacción al ver cómo la imagen iba apareciendo.

Además, mientras colocaba los diamantes dejaba de pensar en los problemas que tenía en la empresa, que en aquella época me provocaban mucho estrés y ansiedad. Durante esos ratos conseguía concentrarme únicamente en los colores, los símbolos y la parte del dibujo que tenía delante.

Una afición compartida con Key

Cuando empecé con la pintura diamante, Key también se interesó por la técnica y terminó aficionándose.

Cada uno elegía sus propios cuadros según sus gustos y trabajaba en el suyo, pero compartíamos herramientas, materiales y esos momentos de tranquilidad. Así, una afición que había comenzado para mí se convirtió también en algo que podíamos disfrutar juntos.

Actualmente tenemos cada uno un cuadro empezado, aunque los dos los hemos dejado temporalmente apartados. Key está haciendo un máster en inteligencia artificial y yo he estado ocupada con varios estudios, la creación del blog y la publicación de mi libro.

No hemos abandonado la pintura diamante. Simplemente está esperando a que terminemos algunos de esos proyectos para poder retomarla con más calma.

Disfrutar de todo el proceso

Lo que me gusta de la pintura diamante no es solamente contemplar el resultado final. También disfruto preparando el material, organizando los colores y avanzando poco a poco por cada sección del lienzo.

Al terminar un cuadro, guardo los diamantes que han sobrado y los etiqueto con su referencia. También conservo en un cuaderno las leyendas de los cuadros, donde aparecen las letras, números o símbolos que corresponden a cada color.

De esta forma, si algún diamante se despega o se pierde, puedo saber cuál es y reponerlo.

Incluso esa parte de recoger, clasificar y conservar el material me resulta satisfactoria. Todo el proceso tiene algo que me ayuda a concentrarme, desconectar y disfrutar de la sensación de estar creando algo poco a poco.

Ahora mismo quiero cerrar algunos de los proyectos que tengo abiertos. Después pienso volver a combinar la pintura diamante con la costura creativa, porque ambas aficiones siguen formando una parte importante de mi rincón creativo.

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