En 2019, mientras se hablaba constantemente de memoria histórica, de la Guerra Civil y de la exhumación de Franco del Valle de los Caídos, empecé a hacerme una pregunta: ¿quién recuerda a las personas corrientes?
Pensaba en gente como mis abuelos, que no quería saber nada de política. Personas sencillas cuyo único deseo era vivir en paz, tener un techo sobre sus cabezas y poder poner un plato de comida en la mesa para sus hijos.
Buscara donde buscara, encontraba opiniones a favor de un bando o del otro, pero echaba de menos las historias de quienes quedaron atrapados en medio y tuvieron que soportar una guerra que nunca habían pedido.
Así nació la idea de escribir una novela protagonizada por personas sin grandes ideologías, salvo una: resistir y sobrevivir a lo que les había tocado vivir.
Comencé a buscar información en Internet y a contrastar distintas fuentes. También recuperé los recuerdos que mi abuela me había contado y hablé con mi tía Mercedes, que tenía seis años cuando estalló la guerra.
Ella recordaba cómo temblaban los cristales de las ventanas durante los bombardeos sobre Madrid. Cuando sonaban las alarmas, bajaba junto a sus hermanos y sus padres al metro, que había sido convertido en refugio.
Durante las dos horas que tenía para comer en el trabajo, aprovechaba para investigar y pensar cómo quería contar la historia. Muy pronto decidí que la protagonista se llamaría Alejandra, como mi abuela. También incluí otros nombres y lugares importantes para mí: Antonio, como mi abuelo; Javier, como mi marido; Cebreros, el pueblo de su familia, y Tetuán, el barrio madrileño donde se criaron mis tíos y, más tarde, mi madre.
Así, poco a poco, fue naciendo Un baúl olvidado.
Sin embargo, descubrí que publicar una novela no era nada sencillo. Algunas de las propuestas que encontré me generaron desconfianza y sentí que podían aprovecharse de las ilusiones de quienes soñábamos con publicar. Terminé desanimándome, dejé de escribir y guardé la novela a un lado.
Después llegó la pandemia y el libro quedó olvidado durante varios años. Hasta que, a mediados de 2025, decidí recuperarlo, terminarlo y aprender todo lo necesario para publicarlo en Amazon.
No lo hice buscando fama ni grandes ventas. Mi objetivo era dejar un legado a mis hijos y dar voz a aquellas personas sencillas que vivieron una época terrible y que pocas veces aparecen en los libros de historia.
Esta novela conserva parte de la memoria de mi tía Mercedes, a quien aquella guerra dejó marcada durante toda su vida y que murió en 2024. También guarda el recuerdo de mi abuelo, un hombre que se negó a luchar, aun sabiendo que aquella decisión podía costarle la vida.
Un baúl olvidado nació de sus recuerdos, de los de mi familia y de mi deseo de que las vidas de aquellas personas anónimas no terminen cayendo en el olvido.

Alejandra subiendo al desván donde se encuentra el baúl olvidado.
