
Hace ya más de veinte años, después de divorciarme, quise conocer gente nueva. Por aquel entonces existían los chats de Yahoo y me registré en uno de ellos con el apodo de Ranma.
Allí conocí a varias personas y, entre ellas, a quien hoy es mi marido. Él utilizaba el apodo de Keyduu, aunque todos le llamamos Key.
Con algunas personas del chat formamos un grupo para vernos los sábados por la tarde. A aquellas quedadas las llamamos “Los cafés de Soco”, porque la idea había sido de una de las integrantes del grupo, llamada Soco. Lo gracioso es que lo único que no tomábamos era café, pero aquel nombre se quedó.
Desde el principio, Key y yo nos hicimos muy amigos. Él tenía 25 años y yo 39, además de dos hijos pequeños. Nos separaban catorce años y nuestras vidas parecían muy diferentes, así que ninguno de los dos llegó a pensar que entre nosotros pudiera surgir algo más.
Key comenzó a salir con otra chica del grupo y yo solía acompañarlos. A veces me sentía como lo que se conoce como una “sujetavelas”, aunque lo pasábamos muy bien juntos. Yo también intenté conocer a alguien más cercano a mi edad, pero no tuve demasiado éxito.
Solo tuvieron que pasar un par de semanas para que Key y yo nos diéramos cuenta de que sentíamos algo más que amistad. Aquella relación suya duró muy poco y, cuando terminó, nosotros comenzamos la nuestra.
Un día, Key me contó cómo había nacido su apodo. Había abierto un documento de Word, pulsado las teclas al azar y eliminado después las letras que creía que sobraban. De aquel experimento surgió la palabra Keyduu y, como le gustó, decidió quedársela.
Yo hice lo mismo y, entre todas aquellas letras colocadas al azar, apareció una palabra que también me gustó: Drioky.
Nuestra relación comenzó el 18 de febrero de 2005 y, unos años después, el 6 de noviembre de 2010, nos casamos.
Así nacieron Keyduu y Drioky: dos nombres que comenzaron siendo unas letras escogidas al azar frente a un teclado y que terminaron formando parte de una misma historia.
Para mí, Drioky ya no es solamente un apodo de internet. Es el nombre que me ha acompañado durante una parte muy importante de mi vida y con el que ahora también abro las puertas de este pequeño rincón.