Cuando empecé a trabajar con patchwork, descubrí que había una herramienta que no podía faltarme: el cojín de sastre. Es una especie de almohadilla que permite planchar pequeñas costuras de una forma cómoda, práctica y ocupando muy poco espacio.
En patchwork es importante ir planchando las costuras durante el proceso, porque así las piezas quedan mejor asentadas y el resultado final es más limpio y preciso.
Un proyecto sencillo y muy útil
Para confeccionarlo seguí un tutorial de Lucía, del canal Coser fácil y más, Menudo Numerito, una de las mejores profesoras de costura que sigo desde mis comienzos.
Lucía explica los proyectos de una forma muy clara y este cojín me resultó muy fácil de hacer. Con el tiempo, además, también se convirtió en escritora, algo que ahora tenemos en común.
Para el exterior utilicé dos telas de lino: una estampada con motivos de París y otra lisa de color crudo. El cojín tiene una forma ovalada, parecida a un huevo un poco aplanado, que ayuda a apoyar bien las pequeñas piezas mientras se planchan.

Aprovechando los retales más pequeños
Para rellenarlo utilicé todos esos pequeños recortes de tela que me habían ido sobrando de otros proyectos y que fui guardando.
Así conseguí aprovechar incluso los retales que parecían demasiado pequeños para usarlos en otra cosa y, al mismo tiempo, darle al cojín la firmeza necesaria para trabajar sobre él.
Lo hice hace cuatro años y desde entonces lo utilizo siempre que trabajo con patchwork. Es fácil de guardar, ocupa muy poco espacio y se ha convertido en una herramienta imprescindible en mi rincón de costura.
